domingo, 30 de julio de 2017

GIGANTES

Participamos en #unmardehistorias, patrocinado por Iberdrola que quiere celebrar el próximo estreno de su parque eólico marino Wikinger,  con este pequeño relato que nos ha entusiasmado escribir. Espero que os guste:




                                          GIGANTES

Aquella calurosa mañana de Agosto, niña Pirata se despertó con la sensación placentera de que aquel día viviría una gran aventura. Extrañamente, el mar se encontraba en calma. Las olas mecían suavemente el barco. Al chocar,  formaban una espuma que cubría el navío como nata montada. Nada presagiaba lo que ese día ocurriría.
Pasadas unas horas de insólita quietud, un viento frío comenzó a soplar cada vez más y más fuerte. Niña Pirata arrió las enormes velas e hizo virar su barco para aprovechar el viento belicoso que comenzaba a bufar mucho más agresivo.-¡Esto se anima, la aventura comienza! -gritó exaltada mirando a Lola, su cabra.
 Lola era su única compañera de viaje. Se habían conocido hacía un par de años atrás en la fábrica de electrónica donde había nacido niña Pirata. Cuando la fábrica cerró y todos se fueron, niña Pirata decidió marcharse con Lola. Cruzaron el umbral de la verja de la fábrica, y allí lo vieron, un inmenso barco, a punto para ser conquistado y salir del puerto. Así comenzó su viaje.
 Que lejos habían quedado aquellos largos meses de calmada travesía, donde ninguna de las dos esperaba nada, solo navegar y divisar preciosos paisajes.
 Y ahora, allí estaba Lola, acurrucada a los pies de niña Pirata, temblando de miedo, mirando hacia la puerta del camarote donde deseaba encontrarse en aquellos instantes. La nave comenzó a surcar el mar a toda velocidad empujada por el fuerte vendaval. Las olas cada vez más altas, se alzaban por encima de sus cabezas. El barco comenzó a zozobrar, haciendo peligrar sus vidas. Niña Pirata se aferraba fuertemente al timón intentando mantener un rumbo que desconocía. Se dejaba llevar por el oleaje confiando que el mar sabría llevarla a su destino mientras Lola balaba aterrada debajo de sus piernas. Y de repente, allá a lo lejos les vio... Niña Pirata no podía creer que les hubiera encontrado. ¿O ellos la habían encontrado a ella? Cientos de gigantes con alargados brazos se apostaban erguidos desde el fondo marino, dándole la bienvenida. Niña Pirata había llegado a su destino. Había encontrado su nuevo hogar. Su pequeño corazón casi inerte comenzó a iluminarse. Estaba a salvo con ellos. Su vida nunca se apagaría.